Recuerdo mi
encuentro contigo Señor. Después de ese fin de semana al que llegué con dudas y
habiendo buscado muchos pretextos para no ir cuando recibí la invitación “no
tengo tiempo, ya estaba ocupado esos días; estoy bien, yo ya conozco a Dios”,
supe que todo había valido la pena. Acababa de
vivir la mejor experiencia de mi vida y una vez más no había sido yo quien te buscaba,
eras Tú el que salía a mi encuentro con los brazos abiertos sin cansarse de
esperar tanto tiempo.
Todos se
veían tan alegres, tenían un tesoro que no podían despreciar. Durante los
últimos momentos ahí prometimos vernos en la Comunidad, conservar esa presencia
tuya que estaba ya tan fuerte en nuestros corazones.
En cada
oportunidad bendecía los alimentos con el rap, llegué a mi casa a buscar en
Spotify una a una de las alabanzas que recordaba para escucharlas siempre. Me
emocioné muchísimo pensando en todo, ya sabía que lo que me regalabas no quedaba
ahí, que podía ir creciendo más y más. Quería contarle a todos para que también
lo vivieran, a mi familia, a mis amigos en la escuela, a mis compañeros del
trabajo ¡no se lo podían perder!
¿Te suena? Estoy segura que como a mí, el Encuentro QCN
transformó tu vida, que tampoco querías que terminara ese día domingo y el gozo
llenaba tu corazón. Cuando alguien está enamorado, se nota hasta en la mirada.
¿Aún se te nota que sigues enamorado de Jesús?
Quizá aún lo
sientes, pero dejamos de poner ese amor en las obras, se vuelve pesado y a
veces imposible hacer todo lo que nos pide para estar cerca de Él y seguir
creciendo: el servicio en un Ministerio, asistir a los crecimientos, reunirnos
como Célula…y nos mantenemos al margen, “cumpliendo” pero sin entrega, asistiendo
pero sin compromiso.
Pienso hoy
como gozaría más mi corazón con la fuerza de la fe si fuera verdaderamente
consciente del amor que Dios siente por mí, si fuera consciente del sentir de
Dios que me ha dado la vida y ha pensado en mí antes de mi existencia, si fuera
realmente consciente de que Dios busca mi amistad, tiene necesidad de
relacionarse íntimamente conmigo como Padre, como amigo, como confidente, como
huésped del alma, mi corazón debería estar siempre rebosante de alegría.
Que se quede
constante ese amor que me invita a compartir la alegría de ser católico y no me
arrastre la rutina. Si ya me he apartado, ayúdame a volver Señor. Y si conozco
a alguien también que se está alejando, recuérdame que somos una familia, que Tú dejaste a las otras 99 ovejas antes por mí, y que quiera yo ser un
instrumento para trabajar más y más por Ti para esos corazones jóvenes.
Hazme grande
en eso que Tú has depositado en mí y que he mantenido pequeño; y hazme pequeño
en esas barreras grandes y cosas que me distraen de seguir en la misión.
Como decía el Beato Pier Giorgio Frassatti “Tú me preguntas si soy alegre; y ¿cómo no podría serlo? ¡Mientras la fe me de la fuerza estaré siempre alegre!”
Hazme un
loco, Señor. Hazme un loco de los que se comprometen a fondo, de los que se
olvidan de sí mismos y Te aman con algo más que con palabras, Te aman con
obras. De los que entregan su vida hasta el fin, de esos a los que el amor hace
valientes y no le tienen miedo a nada.
No te
entibies, tal vez son constantes los tropiezos y muchos los obstáculos que
tenemos que superar pero recuerda que Dios no pasa de largo y te anima una vez
más "Joven, a ti te digo: Levántate." Lucas 7, 14.
-María José Alfaro

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